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Encuentro

Una foto perdida en un cajón es suficiente para que todo se venga abajo. Me pregunta una pescadera en el supermercado con mucha prevención por "mi señora", y me coge de sorpresa, no recuerdo haberla visto antes, pero cuando le doy la noticia ella me dice que lleva mucho tiempo viéndome solo. No puedo dejar de conmoverme, y me llevo todo el día pensando en ese encuentro. No hay futuro más allá del de mis hijos.
Cuando dejo de hacer cosas, cuando desaparece el cansancio, es cuando más te echo de menos. Yo me abrazaba a ti después de comer, en los ratos de descanso de un fin de semana, y era feliz, y si nos íbamos a Alájar éramos todos felices allí, por el mero hecho de estar juntos. Ya no tengo ganas de ir a Alájar, y cuando me echo en la cama la tarde de un domingo me invaden la añoranza y el dolor. Desde que te fuiste soy alguien distinto, y aún no he aprendido a compaginar este dolor perenne con mi nueva existencia.

El improbable momento del reencuentro

Anoche vi entre sueños lo que me espera en vida, y otra vez, son ya tantas, renuncié a las ganas de vivir, que no a la vida, eso es imposible. Nadie sale de un duelo, se convive con él. Buenos días, señor duelo, muy amable por acompañarme toda la noche, y por hacer que me aterre levantarme, o quedarme en la cama, y cuando la casa se queda sola, porque se han ido los niños y el perro me propina usted un pellizco hondo en el estómago, y me hace llorar de dolor, pero dolor de alma, no de estómago. Que nadie me diga nunca que lo superaré, o que saldré renovado. Prefiero el hombre viejo que fui, lleno de amor compartido, y no guardado en una caja esperando el improbable momento del reencuentro .
Es una sensación física, horrible, cada mañana despertarme sin saber qué he soñado, pero a la vez sabiendo que he soñado con tu ausencia. Los primeros minutos de cada nuevo día son lacerantes. Es la cara oculta del amor eterno.

Duele el amor

Poco a poco siento que el amor, tu amor, va triunfando sobre el dolor, y por difícil que parezca queda integrado en la pena. El amor siempre triunfa, y tú me lo diste a raudales. A pesar de todo, no entiendo cómo puedo vivir sin ti. Cada mañana me lo sigo preguntando, y es tanto lo que me duele el amor que me quedo paralizado en la cama.

Acuérdate

Hace 22 años éramos novios ilusionados. Acabamos el día como marido y mujer. Nunca imaginé una felicidad tan grande, que fue creciendo cada año. ¡Te quiero tanto...! ¡Es tanto lo que te echo de menos...!

Homenaje

No veo fotos, ni tampoco tengo ninguna enmarcada en casa. Tu imagen se va difuminado poco a poco en mi memoria, pero curiosamente no me importa gran cosa, y es que te siento dentro hasta el punto de sentir un dolor insoportable en cuanto bajo un poco la guardia. Sé que siempre serás parte de mí, tu espíritu nunca se borrará, y para eso no necesito recordatorios ni homenajes. ¿Habrá un homenaje mayor que el del dolor perenne y la ofrenda de mi vida unida para siempre a la tuya?

Recordarte

Vivo prisionero de mis recuerdos. Sólo tengo conciencia de haber existido en el intervalo de 23 años en que estuvimos juntos. Los tres últimos fueron los más tristes, pero también los más intensos. No soy capaz de cantar, con lo que me gustaba; ni siquiera lo intento, y así muchas otras cosas se han acabado. Cada mañana me sigo despertando con un nudo en el estómago, aunque se va deshaciendo con las horas. Creo que voy siendo capaz de cumplir con mis obligaciones, y el dolor puede que se vaya mitigando. No sé si es lo que quiero. Sólo busco un refugio donde no se padezca, ni me molesten, ni me digan cómo tengo que sentirme, cómo me tengo que comportar. Tan sólo quiero recordarte en paz y en silencio.
Últimamente he conseguido dejar de pensar continuamente en ti, o más bien en tu falta, hasta me he sentido sido culpable. La actividad diaria que al fin soy capaz de desarrollar, el trato ya casi olvidado con la gente, han tenido mucho que ver. Me he alegrado sobre todo por los niños, les hace mucha falta, para mí en realidad no espero nada, si acaso eliminar en lo posible el sufrimiento. Pero hoy, de modo inesperado, me ha vuelto a asaltar ese pánico innombrable ante el que no existe refugio. Es el recordatorio vivo y pavoroso de tu ausencia, del terremoto que ha destruido la vida dichosa que era nuestro único tesoro.
Cada vez tengo más claro que sin ti no merece la pena vivir. Por nada ni por nadie.
Grábame como un sello sobre tu corazón. Llévame como un tatuaje en tu brazo, porque fuerte como la muerte es el amor, y tenaz como llama divina es el fuego ardiente del amor.  Cantares 8:6-7 NBV Estas mismas palabras sonaron el día en que unimos nuestras vidas, y se han tornado proféticas. Te llevo grabada como un sello desde entonces, un sello indestructible. Más fuerte que ella, el amor sobrevive a la muerte y vence a pesar de todo este dolor insoportable. Ese dolor es la prueba de que el amor está vivo, más aún que antes. Cuando yo también muera permanecerá ahí como testigo, prueba del milagro de dos almas que se unieron en una.
Me dicen que piense en ti con alegría, o que no piense. Ninguna de las dos cosas me es posible: llenas siempre mis pensamientos y no sé en qué lugar extraño habito desde el día de tu muerte. Será egoísmo, porque desatiendo mis obligaciones, pero es un egoísmo enamorado. Pasará el tiempo y seguiré enamorado de ti, mi vida, y cuando yo me vaya igual que tú te fuiste, ese amor seguirá vivo, como sé que vive el tuyo, y también sé que ha dado sentido a tus padecimientos.
Escribo estos apuntes para un público fantasma. Me engaño pensando que son para mí, o para los pocos que me aprecian de verdad y pueden soportar la impotencia. Pero no, estos escritos son misivas dirigidas a ti, las cartas que nunca te envié y ya no podré enviarte. En vida mi mensaje estaba a la vista, no nos sepárabamos, y con esa proximidad bendita no hacía falta que nos dijéramos gran cosa. Vivíamos el uno junto al otro. Vivíamos. Con tu desaparición he sentido la necesidad de hablarte. Al principio algunas cosas buenas; ya hace tiempo que sólo palabras desesperadas. Al menos sabes de mí, no te engaño, eres la única que puede llegar al fondo de mis sentimientos.
Morir a los 45 nunca es razonable. Más en tu caso, que habías alcanzado una madurez esplendorosa con la que iluminabas a tu esposo y a tus cuatro hijos. ¡Te quedaba tanto por vivir, tanto por dar, tanta felicidad por repartir....! No puedo recuperarme de esta pérdida. No puedo entender la vida sin ti. Hace ya tiempo que no vivo. Sé que nadie tiene la culpa, pero no hay justicia en este mundo, ni piedad. Tampoco hay salida para lo que siento, sólo espero el fin, confiando que traiga un mínimo descanso.
Me siento encerrado en mi propio cuerpo, atado a una rueda que no para de girar. Aún no me creo que haya llegado hasta aquí.
Pequeñas señales de que algo no funciona bien dentro de mí. En realidad, desde hace un año todo funciona mal, pero dentro de la normalidad, no sé si me explico. Ahora es distinto, es una desconexión paulatina, inevitable, que no sé a dónde me está llevando, o demasiado bien que lo sé. Hace ya mucho tiempo que no vislumbro el color de la esperanza, cada día es una prueba.
Pasan los meses y crece el dolor. Parece mentira tanto dolor, y el que está por venir debe de ser atroz. No merece la pena vivir en estas condiciones, estoy seguro de que me comprendes. Y no me da miedo el dolor, lo que temo es que no tiene fin, lo que temo es estar recordándote a cada momento el resto de mi vida, lo que temo es tu ausencia aterradora. No merece la pena, porque todo, todo, se ha acabado para mí.
«Tengo ganas de pegar puñetazos contra la pared, de levantar la voz y de preguntarme por qué me ha sucedido esto a mí. En un momento pensé que no pintaba nada en esta vida, que lo justo sería que dos personas que se quieren durante años tienen el derecho de morir juntas. ¿Me podía haber pasado algo peor? No, ésta ha sido la mayor tragedia de mi vida, los momentos más duros y trágicos, la situación más terrible que nadie pueda imaginar. Me siento solo, hundido, destrozado, roto, abandonado, triste, vacío. ¿Qué puedo decir después de haber estado tantos meses junto a mi esposa con la esperanza de que iba a recuperarse?». Alfredo Kraus
Me da miedo vivir. A veces pánico. Tu ausencia ha despertado los terrores más ocultos.

Si no te hubieras ido

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Jamás dejarás de habitar en mí. Cuando me levante, si es que lo consigo, seguiré llorando cada día tu ausencia, y maldeciré tu muerte con todas mis fuerzas. Sé que no te gusta verme así. Por favor, cuando acabe mi trabajo llévame a tu lado.
El dolor va a más, y está acabando conmigo. Lo siento tanto por los niños... Han perdido a su madre y están perdiendo poco a poco a su padre. La voluntad me falla, y cada vez me es más difícil moverme. A unos les afecta más que a otros, pero todos sufren. Si pudiera ser uno de esos seres frívolos que se reponen pronto de una pérdida y la sustituyen como si nada... Pero yo no soy así, ni lo he sido nunca. Siempre intuí que no encontraría el amor, pero cuando milagrosamente nos unimos, nuestro amor maravilloso me atrapó para siempre, y ahora ante tu ausencia sólo concibo la muerte. Ayúdame, Lola, me faltan las fuerzas.
Estoy viviendo mis peores momentos. El dolor, lejos de atenuarse, crece y por momentos me paraliza. No soy capaz de vivir en esa casa donde hemos sido tan felices, los techos se me caen encima. Un único motivo me hace seguir adelante, aunque la sensación es que camino hacia atrás, buscándote siempre sin esperanza.
Cuando pierdes a quien te quería por encima de todas las cosas, tu vida deja de tener sentido, porque todo lo pusiste en ese amor. Dejas de recibirlo para siempre, y tampoco se te permite darlo. El milagro del amor, que te iluminó hasta entonces, se convierte en una condena que te acompañará hasta el final de los días. El superviviente está condenado a sufrir. Es la cara oculta de la felicidad. Por mucho que haya quien te aprecie, quien te quiera, la soledad te invade implacable, y se agranda hasta ocupar todo tu ser.
No creía en el infierno, hasta que desapareciste y me dejaste solo.
Mis despertares son siempre amargos, tristes, desesperados, desde que te fuiste.

Después de tu muerte

Dicen que una persona no muere mientras sigue viva en los pensamientos de los demás. Yo no hago otra cosa que pensar en ti todo el día, pero no logro resucitarte, ni estás viva. Lo que sí es verdad es que una gran parte de mi ser te pertenece. Te llevaste mucho de mí con tu muerte, pero lo esencial, lo más preciado que me diste, sigue oculto entre el dolor. Soy cien veces mejor persona gracias a ti. ¿No es eso un legado, no es eso un pedazo de tu ser que aún vive en mí? Si no fuera por este dolor insoportable sentiría únicamente un agradecimiento infinito por haber gozado de tu amor. Me puse enteramente en tus manos, igual que tú en las mías. Ese es el bendito error que me hace penar en una tortura inacabable. Mil veces mil lo repetiría.

Un año sin ti. Un año sin mí

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Pienso en ti a cada segundo
Sigo teniendo la sensación de que mi vida comenzó cuando nos encontramos. Así es imposible que me recupere. Desde entonces tú lo fuiste todo para mí y yo lo fui todo para ti. Por lo visto eso es un error, pero así de fuerte nos visitó el amor. No me arrepiento de nada, al revés. Sólo lamento el destino cruel. Con estos antecedentes, pocas salidas tengo.

Duelo

Llevo unos días que se me saltan las lágrimas a cada momento. Son lágrimas amargas, porque no tengo a nadie con quien compartirlas, y trato siempre de esconderlas. En este caso, y a diferencia de otras veces, me hacen más daño que otra cosa. La pena es egoísta, por haberte perdido, por saber que no volveré a verte, por recordar tantos momentos felices y compararlos con el desierto actual. Nada me mueve, nada me sacia, nada me descansa, todo me condena. Si no fuera por el sueño inducido las noches serían una tortura, peor que los días. Yo podría escribir un libro sobre el duelo, al menos sobre el primer año de duelo, y no sería de utilidad para nadie, pero sería un libro hermoso, porque mi duelo es un torrente de amor desbordado, poético en su desesperación, inmensamente trágico. Ese libro dejaría un poso indeleble de nuestra maravillosa, inacabada, historia de amor.
Otra vez el pinchazo, a pesar del ansiolítico. Esta vez fue por la mañana, mientras planchaba. Una fracción de segundo basta para mirar a la cara a la muerte. Pero no a mi muerte, ojalá, sino a la tuya, con su soledad inabarcable, con el pavor crudelísimo de tu ausencia. Es un agujero negro que tira de mí por un instante eterno.

¿Tristeza?

Dicen que la tristeza reconforta, y la melancolía adormece el alma. ¿En eso queda todo? ¿Estoy condenado a recordarte serenamente, como si sólo hubieras sido, qué sé yo, la madre de mis hijos? Yo te rindo un homenaje eterno con mis amargas lágrimas diarias. Quiero que todo el mundo sepa que me han arrancado de cuajo las entrañas, que no me gusta sufrir pero lo hago, y que contigo volaron las ilusiones y las esperanzas. Que un día mi vida se acabó como se acaba el agua de un pozo. Trataré de acostumbrarme al paso de los días sin ti. No puedo prometer ninguna hazaña.

Felicidades eternas

Te escribí este soneto justo en tu cumpleaños a los pocos días de nacer Gonzalo, en la cúspide de nuestro amor florecido. Han pasado doce años, ya nada es igual, pero siento aún más intensamente mi declaración de amor en cada verso. Si he de ser sincero, ahora es cuando le encuentro un sentido pleno, y el último verso, aunque me duele, es una revelación. Prefiero no pensar, sólo sentir; dejar que mis palabras suavemente transiten los caminos de tu mente llegando a tus entrañas a morir. Contigo conocí lo que es vivir. Qué puedo yo ofrecer como presente si eres mi anhelo, mi luz permanente, la duda, la promesa, el porvenir. Besos largos que alumbran nuevas vidas; milagros del amor, almas ardiendo; tú y yo, y mil caricias esparcidas. Catorce versos limpios yo te ofrendo que encierran emociones contenidas. ¡Nací querido y moriré queriendo!  Al año siguiente te obsequié con un haiku, más delicado. caen los años como gotas de cielo crece el amor Y puedo jurar que el amor sigue creciendo. Tú

Jaime

Se te caía la baba con Jaime. Querías igual a todos, eso sin duda, pero las cualidades de Jaime te conquistaban, y mira que ese niño tiene un carácter fuerte y no sé cuántas veces le has llamado cabezón, como a su padre. Hoy habrías disfrutando viéndole jugar al rugby en Valencia. No entendías las reglas del juego, pero cuando Jaime cogía el balón no quitabas los ojos de él. Se ha puesto aún más grande y más fuerte, y sigue teniendo el mismo corazón de oro. Es digno hijo de su madre.

Tándem

Me dicen que nuestra relación era demasiado dependiente, que no dejaba espacio para la individualidad de cada uno. Es posible que hubiera algo de eso, aunque siempre mantuvimos nuestras propias aficiones. Lo cierto es que estábamos de acuerdo en todo, y nos apoyábamos de modo incondicional, tuviéramos o no razón. Desde el principio nos convertimos, no en un equipo, sino, y no son palabras mías, en un tándem. No sé si este tipo de relación es la mejor del mundo, pero a nosotros nos funcionó maravillosamente. Desde que te vi sentí que podía confiar en ti casi como una prolongación de mi ser, y sé que tú sentiste lo mismo. No hubo ninguna duda, ni un solo titubeo. Nos unimos de un modo esencial, definitivo, y esa unión milagrosa duró hasta tu muerte. ¿No es esa la forma más pura de amor? Nosotros al menos alcanzamos a través de ella una felicidad nunca soñada, y no soy consciente de haber renunciado a nada, porque también tenía ( y tú tenías) mi propia actividad fuera de esa esfera. Lo qu
The worst type of crying wasn’t the kind everyone could see – the wailing on street corners, the tearing at clothes. No, the worst kind happened when your soul wept and no matter what you did, there was no way to comfort it. A section withered and became a scar on the part of your soul that survived . Katie McGarry
Casi todo lo humano me es ajeno. La angustia ha sido convenientemente eliminada de forma artificial, aunque a veces, muy pocas, asoma brevemente. Llevo una existencia más propia de un vegetal, pero un vegetal con conciencia, con recuerdos y también con remordimientos.

Jacarandas (es una excusa)

Ya florecen las jacarandas. ¿Las puedes ver desde el Cielo? He ido a recoger a Jaime, ¡Jaime!, a la estación y toda la avenida está cuajada de sus flores moradas. Te gustaba decir jacarandá, era uno de nuestros árboles mágicos. ¡Jaime!... ¡Si pudieras verlo! Aunque seguro que lo ves, tan alto, tan fuerte, tan impropio de sus quince años. Es un niño, y parece que me supera en madurez. Ahora, en cinco minutos, se va a subir al coche con su mochila, y su rodilla maltrecha habrá sanado por ensalmo, porque la semana que viene juega el campeonato con su selección, y confían en él. ¿Quién no lo haría? ¡Jaime! Cuando me des un beso, ya te estoy viendo salir, transmíteme parte de tu fuerza, aunque tengamos los papeles cambiados. Tú has perdido a tu madre y tienes el mundo por delante. Yo la he perdido y el mundo me ha caído encima.
Tú, Lola, sigues siendo mi presente, mi vivencia cotidiana. Mientras yo permanezca vivirás en mí, porque es imposible sentirte más cercana. Los recuerdos, los momentos de felicidad y la añoranza te mantienen presente, siempre presente a cada momento. Has desaparecido de mi lado, pero guías todos mis pasos. Tu ausencia pesa aún más que tu presencia, esplendorosa durante tantos años compartidos.

Hueco

No se trata de que sea imposible rellenar el hueco que has dejado. Es más bien que todo mi ser se ha convertido en un hueco pavoroso, incompatible con la vida, excavado por nuestro amor. 
No puedo leer. Apenas puedo escribir unas líneas. Hace años que no me es posible concentrarme para ver una película o algo similar. Las tareas cotidianas son como subir al Everest. Mi cabeza va tan lenta que a veces no soy capaz de resolver el problema más fácil. Y, por si fuera poco, me estoy convirtiendo en un "victimita", como dicen los niños, con lo que siempre he despreciado a ese tipo de personas.
Vivíamos en un sueño de felicidad completa, pero un día empezó el terremoto. Fue un terremoto leve al principio, que se fue haciendo cada vez más intenso. Duró exactamente dos años y medio, y cuando cesó tú ya no estabas. Y yo no era capaz de creerlo, porque te había protegido con todas mis fuerzas y no había servido de nada. ¿Cómo era posible que la unión sagrada y milagrosa que habíamos formado hubiera quedado rota? ¿No habría sido más normal desaparecer los dos al mismo tiempo, ya que al fin y al cabo éramos uno? Volví a casa y supe que tu almohada jamás soportaría de nuevo el peso de tu cabeza amada, ni abrirías tu armario para coger tu ropa, ni me abrazarías nunca de nuevo entre las sábanas, ni de pie por detrás frente al espejo. Todo eso y mucho más hizo que se me rompiera el corazón. Aún lo tengo roto, sé que es imposible que se recomponga. Hago lo que puedo para continuar mi vida, que no la quiero sin ti.
Por fin te entiendo. Sé que es tarde, pero quiero decirte que te entiendo. Perdiste a lo que más amabas en la vida. Fue como quedarte sin aire, sin un por qué. No supiste cómo andar más. Ni para qué andar más. Te veía completamente perdido y no lo concebía. No me cabía verte así. Tú, tan grande, tan fuerte, te fuiste apagando. El día de su muerte, decidiste que te ibas a morir también. Me siento reflejado, pero no me comportaré así. No es justo. Bastante desgracia tienen ya como para perderme a mí también, aunque sea en espíritu. Ya no seré tan grande, ni tan fuerte, y me he quedado sin aire, pero nunca les fallaré. Entre otras cosas, es algo que te debo.

Tu Rey

Tu siempre me decías Rey. Era tu forma de dirigirte a mí. Y en verdad hacías que me sintiera como un rey, tan grande era la importancia que me dabas a través de tu amor. Aún hoy sigo preguntándome qué hice para inspirarte un amor tan grande, tan incondicional, tan entregado. Yo tenía la sensación de que también te quería muchísimo, pero no estaba a la altura. Ahora sé que no es así, tu desaparición ha dado a mis sentimientos hacia ti su verdadera dimensión: la de un amor inmortal, una daga que se me clava todos los días mientras te busco entre lágrimas pero no te encuentro. Una condena, bendita condena, apurada hasta las heces. La razón de ser de nuestra vida.

Desesperanza

Ha pasado casi un año del acontecimiento capital de mi vida, y he llegado a un punto en que siento como una certeza inapelable la absoluta falta de esperanza. Hasta ahora me he estado engañando con quimeras que me han hecho más daño que otra cosa, si bien me han permitido seguir viviendo en unos momentos muy difíciles. Ahora he descubierto el engaño, sólo queda el tremendo dolor desnudo y un horizonte plano, que no invita a dirigirse a ningún lado. Un hombre sin esperanza es un autómata, aunque en mi caso guardo la memoria de los tiempos felices, lo que hace si cabe más difícil de soportar el vacío de las horas.
El pobre está perdido, no sabe cómo comportarse. Todo le molesta, y todo le duele. No sabe por qué ha caído en esta situación tan penosa, cuando su mundo era perfecto y maravilloso. La adolescencia le ha explotado en el peor momento, y lo único que siente es desamparo. Imposible dar sentido a una desgracia tan definitiva. El dolor sale a borbotones. Sólo algo es seguro para él: su madre querida nunca volverá.
Qué afortunados los que mueren de pena, tan dulcemente... La felicidad eras tú al otro lado de la cama.

Lo más triste

Ya sí puedo escribir los versos más tristes. Porque todo ha terminado. Porque sé que no hay cura ante la ausencia y el dolor está como recién estrenado. Antes no podía, pensaba que la tristeza es serena y resignada, que tu sangre aún latía por mí y me hundía en la desesperación. Pero es tristeza, ancha, sin fondo, con brotes de pellizcos dolorosos en las entrañas. Lo peor, lo más terrible, si es que en tu ausencia puede haber una cosa más terrible que otra, es el tiempo mismo. Porque es un tiempo sin ti, un tiempo distinto, no como el que compartíamos, hecho de luz y de un hogar caliente. Ahora vivo en las tinieblas cada día, cada minuto, sin esperanza de salir. ¿No es triste eso? Pensadlo bien: es lo más triste de este mundo.

Nuestro amor

Dicen que el amor tiene siempre espinas, reproches, malos momentos, celos, hastío, que hay que luchar cada día por mantenerlo. En mi caso, supongo que por ser afortunado, no ha habido nada de eso: desde el principio surgió como un milagro, gracias a ti, eso sí, que supiste despertar en mí una capacidad de amar que jamás había usado. No te defraudé, ni tú me defraudaste. Ese amor inicial y mágico se fue transformando imperceptiblemente en otro más grande, maduro y comprometido, yo diría que simbiótico. Nada nunca podría separarnos, salvo la muerte, y en eso nunca pensábamos. Ya no sirve de nada no pensar en la muerte, porque esta me ha alcanzado con su paso lento pero inapelable. Te ha alcanzado a ti, pero también a mí, y a nuestro amor. Menos mal que nunca vislumbramos que esto pudiera ocurrir, no habríamos podido ser felices llevando a cuestas tanta angustia. Esa misma angustia que no me abandona y no me deja vivir. Lo he dicho mil veces, pero eras el sentido de mi vida, el único. Por